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VOLVER AL PASADO

A punto de iniciar una nueva expedición por unos instantes vuelvo al pasado, a ese lejano verano de 1988, que es cuando descubrí el complejo mundo de las expediciones. Yo era entonces un chaval joven enamorado de las montañas, que descubría los viajes lejanos y algunas de las montañas más altas del mundo. Aposté fuerte y me salió bien. Con mucha experiencia en los Pirineos, pero ninguna en los Alpes ni en los Andes, decidí arriesgarme y dar el gran salto: de los tres miles pirenaicos a los siete miles del Pamir. Entre semana entrené y entrené sin descanso subiendo corriendo las calles más empinadas que encontraba, mientras que los fines de semana los dediqué a los Pirineos. Así, con una gran forma física me planté un 31 de julio en el Campo Base del Lenin Peak. Tenía confianza en mi, pero todo lo demás era una gran incognita.

¿Cómo funcionaría mi cuerpo a la altitud?

¿Estaría preparado mentalmente para una montaña tan grande?

¿Estaría a la altura de todo lo que surgiera?

Me hacía las típicas preguntas que me imagino que se hace todo el mundo. Lo cierto es que elegí el Lenin por su facilidad técnica y por ser una montaña muy alta. Hacía meses que me preparaba a conciencia estudiando todos los detalles. Arriesgué y me salió bien, y el 10 de agosto a primera hora de la tarde coroné mi primer siete mil y puede ver la Tierra desde lo más alto. Lo hice junto a Joan Colet, Joan Font y Txispi Bermejo. Subímos en un estilo muy ligero, casi alpino, y eso colmó todas mis ambiciones y deseos. La poca aclimatación que hicimos durante poco más de una semana, fue suficiente para plantarnos sin problemas en lo más alto.

Este es el resumen de aquel sueño que logré y logramos hacer realidad. Para mi fue muy especial, pues era mi Primera Expedición. Desde entonces han pasado 29 años. Me hice profesional del alpinismo y seguí haciendo expediciones acumulando ya más de 70 de estas en todo el planeta. Las expediciones enganchan y uno se vuelve adicto a las grandes alturas y a los desiertos de hielo.

La expedición al Pico Lenin (7.134 m) es y será siempre el viaje que guardo el cariño más bonito. Era la novedad.

A pocas fechas de volver a ver esta montaña me invade una emoción que hacía años que no “encontraba”; el deseo de volver a encontrarme con ella, a la que siempre he llevado en mi corazón. Verla, saludarla, y volver a desearla.

29 años después me miro el mundo desde otra perspectiva, con unos ojos que han vivido 50 años, con la experiencia acumulada en todas las facetas de la vida, y sobretodo en el alpinismo. Desgraciadamente los dos Joan murieron hace muchos años, mientras que Txispi sigue subiendo montañas y escalando picos de siete mil metros.

Voy al Lenin con otra mentalidad, pero con la misma ilusión y pasión que me llevó a esta montaña hace casi tres décadas. Para mi esto es lo más importante.

Hace 29 años subímos por la Ruta Normal, y ahora, junto con mi compañero Heber Orona, vamos con un proyecto aún más motivador, ambicioso y hermoso: enlazar las aristas del Lenin Peak, realizando de este modo la Travesía completa de este siete mil en estilo alpino sólo dos personas. Partímos el 12 de julio y el 14 ya estarémos en el CB. Si todo va bien, hacia el 26 o 27 de este mismo mes nos encontraremos en la cumbre. Ilusión y motivación no nos va a faltar, y el deseo de volver a pisar la cima del Pico Lenin y encontrarme con mis recuerdos de joven, es aún mayor. Si existe la pasión y también el deseo, existe el camino que te lleva hasta tus sueños…

 

 

  1. ¡Que lleves una buena expedición, Carles! Ya sabes que luego hay un montón de gente, por aquí, esperando tu regreso, con o sin cima…

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