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OCHO MILES EN INVIERNO

Escalar un ocho mil se ha vuelto en algo normal, actividad que 15 o 20 años atrás estaba reservado tan sólo a los mejores, aquellos que después de iniciarse en los Pirineos y/o los Alpes, escalaban sus primeros cinco miles y seis miles en los Andes, y después intentaban un 7.000, previo paso a los ocho mil metros.
Hoy en día hay quien pasa de los Pirineos y los Alpes directamente a un ocho mil del Himalaya, y no estamos hablando de profesionales o de guías de montaña, sino de simples aficionados que se creen preparados después de los tres mil y cuatro mil metros, de enfrentarse a las alturas más extremas. ¡Que cada uno elija su camino y vaya con cuidado!.
Sin embargo, este articulo está dedicado a la epoca más fría del año, a los ocho miles en invierno.

Escalar un pico de ocho mil metros en invierno es sinonimo de una preparación y experiencia muy altas, además de una sangre fría a prueba de bombas, y sobre todo, ¡tenerlo claro!. Esta es sin lugar a dudas una experiencia alucinante. Algunos de los mejores  alpinistas del mundo no han conseguido escalar una montaña de ocho mil metros durante los meses más fríos del año, y entre estos cabe destacar al südtirolés Reinhold Messner, el primer hombre en subir a los 14 Principales y además sin oxigeno artificial. Otros grandes si que se especializaron en las invernales a las grandes cumbres de la Tierra, y firmaron algunas de las hazañas más hermosas de la Historia del Alpinismo en el Himalaya.

El aragonés Fernando Garrido fue el primer alpinista del mundo en alcanzar la cima de una montaña de ocho mil metros en invierno y en solitario integral, el Cho Oyu (8.201 m) en febrero de 1988. Tanto la aproximación, como la aclimatación, la ascensión y el descenso, se hicieron durante el invierno, por lo que su valor es muy grande tratándose de una “ascensión pura invernal”. Garrido fue un purista que llevó esta escalada hasta su extremo más duro y arriesgado.

Otros muchos se lanzaron a por un ocho mil en invierno; algunos lo consiguieron y otros no. Algunos de estos gigantes fueron escalados completamente en invierno y otros no, pues su aproximación y/o aclimatación, no fueron realizados completamente en invierno.

Hace tan sólo un año que fue escalado por primera vez el Nanga Parbat en invierno, un gran logro que fue una de las mejores actividades de 2016. Esta fue otra “ascensión pura y dura” realizada íntegramente en invierno, después de más de 30 intentos durante las dos ultimas decadas. Por estos días, uno de los firmantes de la primera al Nanga, Álex Txikon, se haya inmerso en otra ascensión que, en caso de culminarse, puede llegar a ser una de las más grandes de la historia. Se trata ni más ni menos que el intento de realizar la primera ascensión completamente en invierno, incluida la aproximación y la aclimatación. Tras dos intentos en los que se han alcanzado los 7.980 metros de altitud, el vasco y sus compañeros nepaleses siguen allí, esperando unos días de buen tiempo para poder lanzar el tercer ataque a la cumbre. Veremos en que queda todo. No obstante, preparación, experiencia, fortaleza, valentía y sangre fría no les faltan. Por mi experiencia invernal hasta los 7.000 metros os diré que no es nada facil escalar a estas alturas durante la estación más fría del año.

Evidentemente, no todos los grandes alpinistas están dispuestos a arriesgar tanto para poder alcanzar un ocho mil en invierno, actividad reservada a gente de otra pasta, hombres y mujeres que un día se enamoraron de una locura y decidieron vivir estas experiencias al límite, simplemente porqué estas escaladas no se pueden vivir de otra manera, pues son extremas por naturaleza. Los puristas dicen que sólo la mitad de los 13, del total de los 14 ocho miles principales (pues el K2 no cuenta con ninguna ascensión invernal), se han subido totalmente en invierno. Recordad la “Ley Purista”:  aproximación+aclimatación+ascensión+descenso, siempre en invierno. De este modo, montañas como el Manaslu, el Everest, el Lhotse y el Kangchenjunga entre otros, no cuentan con una ascensión invernal pura, por lo que siguen esperando su PRIMERA. De frío himalayico sabe mucho el italiano Simone Moro, autor de cuatro primeras en invierno (Shisha Pangma, Makalu, GII y Nanga Parbat), además de otra media docena de intentos invernales.

Llegará el día en que se escalarán todos los ocho miles en “invernal total”, incluido el K2. Pero aquí no terminará la exploración de los ocho miles en invierno, pues después llegará la hora de los ocho miles no principales, cumbres que tienen una gran dificultad tecnica y una elevada exposición, poniendo como ejemplo el Lhotse Central, el Lhotse Shar, el Kanchenjunga Sur, los Annapurna Central y Este, o el Yalung Kang entre otros. Estas cimas están reservadas a los grandes especialistas, a los mejor preparados psicologicamente, aquellos que quieran darlo todo y más, y recibir el Cielo a cambio… Tan sólo para continuar escribiendo la historia de las montañas más grandes.