El Bisaurín; la gran atalaya del Pirineo occidental

El Bisaurín emerge de manera contundente por encima de las montañas que lo rodean, dándole un merecido aire de supremacía.
La cumbre más alta del Pirineo Occidental es una hermosa atalaya, cuya mole se asemeja a un enorme castillo.
Rodeado de praderas bucólicas y bosques espesos, el pico del Bisaurín presenta vertientes sumamente verticales y atractivas. La Pared Norte es un desafío enorme para los invernalistas más puros, pues la enorme y amplia muralla está surcada por líneas de hielo, nieve y mixto que casi alcanzan la plena perfección.
Las Caras Oeste y Este también son hermosas y radían una esfera tan apasionante como altiva y sugerente. En la cara oriental, un empinado y elegante corredor -escoltado por rocoses pilares verticales- muere casi en las inmediaciones de la cima.
Incluso la Cara Sur, lugar por donde transcurre la ruta normal, esta se eleva magistralmente a lo largo de algunos centenares de metros de desnivel, a través de una vertiente muy ancha y uniforme, cuya inclinación es considerable.
De altitud modesta, descubrí el Bisaurín el 1 de enero de 2009. Hasta aquel hermoso día y, aún no se porqué tipo de razón, siempre había sido un objetivo lejano que siempre iba dejando para más adelante, siempre para más adelante…
Aquel soleado y frío día de invierno, mientras ascendía junto a Mireia y Koldo las duras pendientes del Collado del Foratón, no dejaba de observar la imponente silueta del Bisaurín. No obstante, aquella primera jornada del año que acavaba de nacer nos llevó al Puntal Alto del Foratón y a algunas otras cumbres menores situadas al sur del Bisaurín. No se porqué razón dejamos esta montaña para más adelante, siempre para más adelante…
Sin embargo, aquella noche dormí a sus pies y me sentí cautivo de su enorme fortaleza. Aquel enorme castillo de roca me había cautivado para siempre. Sin embargo, estaba seguro que aquella era una montaña amable, ¡la montaña de los hombres!
El destino me llevó a muchas otras montañas, y no volví a ver el Bisaurín de cerca hasta el verano de 2011.
Aquel día de agosto lo ascendímos por la ruta normal, que sin nieve, no presenta ninguna dificultad. Aún así, la montaña tiene su buena pendiente.
Volví a pasar otra noche a sus pies y los recuerdos de otros días pasados en aquel lugar me sacudieron la mente. No estában ni Koldo ni Mireia, dos grandes amigos, pero al día siguiente, mientras subía por aquellas pendientes llevé su recuerdo hasta la misma cumbre del Bisaurín.
… Y pisé aquella cumbre alargada y rocosa, que por la Cara Norte caía a pico. Observé a mi alrededor y me sentí feliz. Sin ser complicado, el Bisaurín es una gran atalaya, y una de las mejores montañas de esta parte de la cordillera, un objetivo obligado para cualquier pirineísta.

Quizás, ¡la Montaña de los Hombres!

El Pic Negre D’Envalira, la montaña de mi infancia

“a mis padres que sin saberlo me hicieron descubrir una estrella”

Hay montañas que, por una u otra razón, són capaces de dejar una huella profunda e imborrable en hombres y mujeres. Montañas de sueños, sueños de montañas, sueños para toda una vida, sueños eternos… el Pic Negre d’Envalira, en Andorra, es una de estas montañas.

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FUE UN BONITO SUEÑO

Hay situaciones que son capaces de marcar toda una vida, momentos que jamás volverán pero que seguirán allí para siempre. Un día soñé en poder recorrer las regiones heladas del mundo. Porqué están allí, porqué son unos paisajes infinitos donde el tiempo no tiene importancia. Conocí y posteriormente me enamoré de esas regiones inhóspitas y a la vez delicadas y hermosas. Diez viajes al Ártico y la experiencia adquirida en estas expediciones, me llevaron hasta el extremo meridional del planeta: la Antártida.
Viajar hasta allí no es nada fácil, más bien lo contrario. Quizás sea el lugar del mundo a donde más cuesta llegar, y esto lo digo en todos los sentidos. Quería llegar caminando hasta el Polo Sur. Mi compañero y yo, nuestras pulkas, nuestros esquís… y un montón de personas detrás dándonos todo nuestro apoyo.
Desde el primer momento la Antártida nos muestra su lado más duro y “oscuro” y este año no da tregua alguna. Los fuertes vientos y las nevadas intensas nos hacen sus prisioneros y -a las primeras de cambio- caímos bloqueados doce días consecutivos dentro de la tienda, algo inhumano que nos “mata” un poco más. El mal tiempo se endurece y nos castiga sin piedad. Las nevadas y el viento juegan con la pequeña tienda de color amarillo, no hay salida, no hay color… sabemos quien es el más fuerte pero no nos rendimos ni lo haremos nunca. ¡¡Sería algo así como morirse!!
Aguantamos y sufrímos hasta que llega el “buen tiempo”, si se le puede llamar de alguna manera. Las fuertes pendientes acompañadas de sastrugis, hielo azul y nieve dura son la siguiente dificultad que nos encontramos. Las pulkas pesan más de 140 kg y el trabajo es duro. El cuerpo sufre lo que nunca a sufrido y tememos lo peor. La Bahía de Hércules cada vez está más lejos; sin embargo, avanzamos lentamente. Allí, junto al mar, quedan 12 días en los que fuímos prisioneros de la Antártida y de nuestro propio destino, de nuestro Sueño. Jamás olvidaremos esas largas jornadas sin final.
Tras alcanzar un collado aparece un bonito plató y un tiempo más estable. Pero ya es tarde para mí: una lesión en un tendón junto al tobillo me hace abandonar este hermoso sueño. El dolor es intenso… pero en el corazón aún lo es más. ¡Me duele el alma! pero no hay vuelta atrás. Corro el serio riesgo de lesionarme aún más y dar al traste con otros sueños de invierno. Al final casi no puedo ni ponerme las botas.
Aparco el Polo Sur… quizás para siempre… mientras un pequeño avión me rescata en el plató. Allí se queda Albert, que continúa solo esta aventura hasta el Polo. Pero como el dice, “ya nunca será lo mismo”.
Me sumo en la tristeza y derramo lagrimas de amargura mientras me despido de él desde el avión. ¡¡Espero que volvamos a vernos algún día amigo!! ¡¡¡Mucha suerte porqué la vas a necesitar!!!
Un pensamiento inequívoco, un amor encontrado, un amor perdido… una estrella que no fue… un recuerdo imborrable, un paisaje de ensueño en el último confin del mundo, el más bonito, allí donde se esconden todos los sueños.

PUNTA ARENAS, EN EL EXTREMO SUR

Hace casi siete días que llegamos a Punta Arenas, en el extremo sur de Chile, allá donde nace o muere la Patagonia magica.
Desde que llegamos el mal tiempo ha sido general y persistente, y las nieblas grises siempre pueblan el firmamento patagonico. Casi cada día cae aguanieve, el viento siempre sopla con fuerza y la temperatura es muy baja. Además, las nieves todavía llegan hasta las puertas de la ciudad austral. Más que en primavera y camino de verano, parece que estemos en pleno invierno.Sin embargo, los lugareños se lo toman con filosofía y calma, mucha calma.
Casi cada día hemos ido hasta las frías aguas del Estrecho de Magallanes, uno de los lugares más míticos del mundo. ¡Cuanta emoción sentí cuando ví este lugar por vez primera hace algunas fechas!
Cada vez que miro este lugar desolado y con tanta historia me acuerdo de mi padre, amante incondicional de la geografía mundial. Se perfectamente lo que él daría por estar en este lugar, y su ilusión innata por el descubrimiento.
El Estrecho de Magallanes es el paso previo para ir al encuentro de nuestro objetivo: el Polo Sur.
… Y cada día soñamos con la Antártida, el continente de hielo al que viajaremos en los proximos días con el fin de hacer realidad el hermoso sueño de cruzar la Antártida hasta el Polo Sur Geográfico, quizás… el lugar más inhóspito y extremo de la Tierra. A pesar de no podernos mover de la ciudad de Punta Arenas y de la aparente monotonía a la que estamos sometidos, nuestra moral es alta y estamos muy ilusionados ante semejante proyecto.
Hay ganas de empezar a esquiar en dirección al Polo, de tirar de la pesada pulka, de vivir el sueño intensamente y superar nuestros límites psicológicos, porqué, una vez más, iremos un poco más allá, hacia los límites de otra frontera desconocida.
El extremo sur está cada vez más cerca y ,ensencialmente, es una cuestión mental.

LA FORCANADA, ETERNA SEDUCTORA

“A todos aquellos que, con su ilusión inquebrantable y deseos infinitos, consiguen hacer realidad sus sueños de montañas, de espacios libres y salvajes… soñadores eternos y románticos sin fin”

“A UNA ESTRELLA….”

En uno de los confines más escondidos y reconditos del Arán, hay una montaña hermosa que, colmará de orgullo a todo aquel pirineísta que se adentre en sus entrañas y explore sus atractivas aristas y espolones. Se trata de La Forcanada o Malh des Puis (en aranés), una de las atalayas más bonitas de los Pirineos.
Espectacular y atractiva por cualquiera de sus vertientes, La Forcanada es una montaña que no deja indiferente a nadie, se suba por la ruta que se suba. Se trata de una enorme mole rocosa de color claro, aparentemente muy difícil de escalar, e incluso inaccesible a muchos hombres y mujeres que la contemplan desde los valles araneses o desde el lado benasqués.
Aún recuerdo la primera vez que la contemplé de cerca, las sensaciones que experimentó mi cuerpo y los deseos por poder escalarla algún dia….
Dormí a sus pies y soñé con ella. Hay montañas, y no sabemos porqué, que son capaces de marcar la vida y el destino de los hombres. Y La Forcanada es una de estas cumbres, una dama blanca que enamora y seduce irremediablemente a todo aquel que la descubre e intenta poseerla.
Alfred Tonnellé quizás fue el primero que se enamoró perdidamente de La Forcanada. En uno de sus viajes pirenaicos pasó junto a ella y quedó cautivado ante semejante belleza. No dudó en volver y junto al guía francés Charles Lafont, después de una minuciosa y rapida exploración, encontraron una ruta muy asequible, y subieron a su cumbre un ¡¡¡uno de agosto de 1858!!!, a través del Espolón Sur/Sudoeste, la que hoy en día es la vía más asequible para subir a esta atalaya.
Desgraciadamente, Tonnellé, murió poco tiempo después, se dice que víctima de una pulmonía fulminante que contrajo al descender de la cumbre. Aún no había cumplido los treinta años de edad.
Fue tanto y tan inmenso el amor que Tonnellé profesaba a La Forcanada, que, antes de morir le dedicó un poema profundamente hermoso y sensible que dice así:

“Forcanada, hermosa novia mía, ¿por qué brillas tan serena y radiante a la luz de la mañana? Estás más bonita que nunca. ¿Te has reconciliado con tu seductor y le sonries mirándolo?

La feminidad eterna y descarada de esta montaña aranesa, muy probablemente, le llevó el recuerdo de alguna mujer a la que había amado con pasión. Alfred Tonnellé fue un caballero apasionado que amó La Forcanada hasta las ultimas consecuencias. Desde entonces, Montaña y Hombre, están unidos para siempre. ¡Un amor ejemplar!.
Pero esta montaña también sedujo a otros grandes pirineístas: los hermanos Jean y Pierre Ravier, Antonio García Picazo, Jean Haurillon, Jean Arlaud… que dejaron su sello inconfundible en forma de arriesgadas y difíciles vías que surcan los verticales flancos de la montaña.
Aún en nuestros días La Forcanada no es una cumbre clasica ni demasiado frecuentada. En invierno y primavera se suele escalar el Corredor NW, una atractiva y a la vez asequible línea de nieve y hielo, mientras que en verano, el Espolón S/SW, suele ser la ruta más “transitada”. Aún así, algunas cordadas recorren cada verano las difíciles y largas rutas rocosas de esta atalaya ejemplar y descarada.
Como un día me dijo mi buen amigo Pako Crestas: “si todas las montañas de los Pirineos fueran similares a La Forcanada no habría tantos domingueros por nuestras montañas”.
La Forcanada es, ante todo, una cumbre exclusiva como pocas, con mucho caracter, donde ninguna de las vías que llevan a su cumbre son fáciles, una montaña que pide experiencia, voluntad y mucho amor.

EL BLANCO INFINITO; LA TRAVESÍA DE GROENLANDIA EN ESQUÍS

“A mi familia y a Jose Mijares, mi compañero en este y otros sueños”

Hace ya algunos años que cruzamos Groenlandia de Oeste a Este, un sueño que hicimos realidad un 6 de junio cuando alcanzamos un fiordo situado al Norte a Isortok, en plena costa oriental.
Hicimos realidad nuestro sueño, nuestra idea: cruzar el Inlandsis (Casquete Polar) de la isla más grande del mundo en completa autonomía, sin medios artificiales, sin telefono satelite, ni siquiera las velas de tracción, los dos solos, con nuestra propia fuerza y lo más importante: una voluntad inquebrantable.
Durante casi cuatro semanas fuimos -seguramente- las dos personas más libres y aisladas de la Tierra.
Groenlandia es inmensa, unas cuatro veces la peninsula Iberica, y está casi completamente recubierta por el hielo eterno. El inlandsis es uno de los lugares más inóspitos, temidos y solitarios de nuestro planeta, algo que solo se puede comparar a la Antartida.
Quien se adentra en estos territorios de blanco infinito y perpetuo, logra vencer sus miedos y alcanzar su final, cambia para siempre su manera de ver y de entender la vida, pues allí -en medio de los hielos- encuentra su propia filosofia, su manera de entender y de enfocar la existencia. A mi me cambió totalmente y estoy seguro que a mi amigo y compañero Jose Mijares también.
De Jose aprendí mucho. Conocerlo en el Denali un año antes fue uno de los mayores regalos que me ha hecho la vida. Donde hay quimica hay un espacio para la aventura. Ambos pensamos lo mismo y nos embarcamos en esta increible aventura, una de las mayores de nuestras vidas.
Aún siento una profunda nostalgia cuando miro hacia atrás y recuerdo aquellas 26 jornadas vividas sobre los hielos de Groenlandia.
Jose y yo seguimos un itinerario muy directo de más de 650 kilometros en línea recta que unió ambas costas. Jamás olvidaré aquellos días de placer, dureza y mucha responsabilidad que nos sirvieron para dar sentido a toda una vida.
Recuerdo la belleza insultante del Casquete Polar, los días sin noche, la interminable esquiada, las etapas maratonianas, la dureza y las privaciones a las que fuímos sometidos… aquel paisaje de postal, el incierto final, descubrir la otra costa…
Nuestro espiritu inquieto y aventurero nos llevó a buscar un mundo de hielo infinito donde poder hacer realidad nuestros sueños.
La idea nació a más de 4.200 metros de altitud en el Denali y un año después la pusimos en practica. Jose y yo somos radicales por naturaleza, en las montañas y en los desiertos de hielo. No nos costó ni un segundo ponernos de acuerdo: ¡sin asistencia!, todo absolutamente todo en nuestros trineos.
El 11 de mayo comenxzamos el viaje más fascinante de nuestras vidas. Comenzamos esquiando en dirección Este, después Sudeste, en busca del mar, de los míticos fiordos de la costa oriental. Los primeros días fueron tranquilos y nos adaptamos rapidamente a este mundo salvaje. La nieve estaba en unas condiciones excepcionales y la meteo era extraordinariamente buena. vanzamos muy rápido con medias de 24/25 K que fuimos aumentando paulatinamente. Alguna vez superamos los 30 K.
Hacia la mitad de la travessía nos vimos sorprendidos por una fuerte tormenta que nos dejó aislados tres días dentro de la tienda. Fueron los momentos más duros.
El tiempo mejoró y con los primeros días de junio llegó la calma meteorológica… pero también las etapas maratonianas de entre 32 y 40 Kilómetros al día. recuerdo la travesía por el Valle de la Tristeza, el increible plató y la ultima etapa dividida entre el 5 y el 6 de junio. 20 horas sin parar de esquiar en medio de una tormenta descomunal. La llegada al mar…al ultimo fiordo, la vuelta a la vida y el fin de un sueño hecho realidad.
Equivocamos la ultima bajada y nos metemos en el fiordo que no toca. Llegamos al final del hielo, donde éste se hermana con la hierba y las piedras. ¡Estamos perdidos y con osos cerca!. Activamos la baliza y un helicoptero de rescate nos saca de allí, junto a las aguas del Atlantico Norte.
El Inlandsis nos ha enseñado los dientes pero hemos luchado y sobrevivido. Hemos vencido nuestros miedos, aunque siempre queda alguno para el sueño y la aventura siguiente.
Pero… ¿que sería la vida sin estos sueños y estos deseos?

Más Información: El Blanc Infinit, Carles Gel (Piolet, 2002).
Las Luces del Gran Norte, Carles Gel (Davinci, 2009)

ERHARD LORETAN, ALPINISTA, LA FUERZA DE LA NATURALEZA

El 5 de octubre de 1995 -nueve años después de Messner- el suizo Erhard Loretan, pasó a la historia por ser el tercer alpinista en escalar los catorce ochomiles principales del Himalaya, o sea, las 14 montañas más altas de la Tierra. Tan sólo tenía 36 años y medio cuando consiguió semejante gesta. A lo largo de su vida este portento de la naturaleza coronó 18 ochomiles entre principales y secundarios.
El pasado 28 de abril, Loretan moría en los Alpes Suizos -las montañas de su vida- mientras trabajaba guiando a un cliente a través de una ruta facil a uno de los cuatromiles de la región. De esta manera tan dramatica y drástica se iba uno de los GRANDES del alpinismo, figura mitica y a la vez, vanguardia de un himalayismo contundente y sorprendentemente agresivo e innovador. Loretan ya es una leyenda.
Este alpinista destacó de muy joven, realizando grandes ascensiones en los Alpes. A los 22 años se hizo guía y comenzó a dedicarse profesionalmente a la montaña, su gran pasión, a pesar que nunca dejó su oficio de evanista, su otra gran pasión.
Este suizo, verdadera fuerza de la naturaleza, destacó por su increíble fuerza física y mental, que le permitió encadenar montañas alpinas como antes nunca se había visto. No dudaba en pasarse diez días de invierno a más de cuatro mil metros de altitud y escalar -una tras otra- todas las paredes que encontraba a su paso.
Se basaba en un estilo muy ligero y radical, llevando lo mínimo posible dentro de la mochila. En el Himalaya llegó a prescindir del oxigeno, muchas veces la cuerda, la tienda, e incluso el saco de dormir…
Este estilo lo llevó hasta las últimas consecuencias.
Erhard Loretan siempre defendió publicamente la prohibición del oxigeno artificial.
Durante sus primeros años realiza grandes ascensiones acompañado de grandes amigos -suizos como él- que más tarde le acompañarían en sus grandes expediciones: Pierre Morand, Marcel Rüedi, Jean Troillet, Jean-Claude Sonenwyl, Pierre-Alain Steiner, André Georges y Norbet Joos. La mayoría eran guías.
He tenido la suerte de seguir la carrera de Loretan desde sus inicios en el Himalaya, alpinista con quien coincidí una vez en Barcelona.
Después de una brillante campaña en el Perú, poco después, en 1982, Loretan (22 años) escala el Nanga Parbat (8.125 m) por la pared del Diamir.
Un año más tarde, en 1983, Loretan comienza a escribir su leyenda al escalar en tan sólo ¡17 días! el GI (8.068 m), el GII (8.035 m) y el Broad Peak (8.047 m) en el Karakorum del Pakistán.
El verano de 1983 marca un punto sin retorno y Loretan se lanza definitivamente a la conquista de los catorce. Sin embargo, no lo hace a cualquier precio, pues en el Karakorum ha aprendido a radicalizar sus ascensiones a los grandes picos hasta extremos insospechados.
La primavera de 1984 sube al Manaslu (8.163 m) por la ruta normal con esquís casi completamente, y en otoño del mismo año consigue una de sus grandes realizaciones: escalar el Annapurna I (8.091 m) por la virgen Arista Este. Él y Norbet Joos no se conforman con la cumbre principal, pues tambien ascienden al Annapurna Este (8.027 m) y al Annapurna Central (8.051 m). Posteriormente descienden por la temida Cara Norte sin saber que les espera más abajo. ¡¡Impresionante!!.
Loretan no se detiene, y en verano de 1985 escala el K2 (8.611 m) por el espolón de los Abruzzi en estilo??? ¡el suyo!
En diciembre vuelve al Nepal y junto a Steiner y Troillet realizan el ascenso invernal del Dhaulagiri (8.167 m) a través de la salvaje Cara Este (4.000 metros de desnivel) soportando dos vivacs a… ¡60 grados bajo cero!… sin tienda… ni saco de dormir (sin comentarios).
Pero es durante el verano de 1986 que Loretan realiza su logro más importante e imponente. Junto a su inseparable Jean Troillet escalan la Cara Norte Directa del Everest (8.850 m) subiendo y bajando en tan sólo ¡43 horas! en pleno monzón, cuando la montaña está más cargada de nieve.
Una vez más se impone el estilo radical de los suizos: ni oxigeno, ni cuerdas, ni tienda, ni saco… escalando de noche, durmiendo unas horas cuando el sol calienta y con un bastón y un piolet…..Así de sencillo.
Messner dijo una vez que esta ascensión valía como diez ochomiles. Quizás tenía razón.
Lejos de parar su carrera, Loretan vuelve a la carga, aunque se aleja algunas temporadas de los ochomiles del Himalaya, explorando otras cumbres menores de los Alpes y del Karakorum.
En 1990 escala el Shisha Pangma Central (8.008 m) y el Cho Oyu (8.201 m) por sendas rutas nuevas en tan sólo 15 días de diferencia. También viaja a Alaska y escala la normal del Denali con clientes.
En 1991 él y Troillet ascienden al Makalu (8.463 m) a través del Pilar W, y después de un intento al K2 y otro al Kangchenjunga, en 1994 escala el Lhotse (8.516 m). La primavera de 1995 sube su penultimo ochomil, el Shisha Pangma principal (8.027 m) por la ruta normal con clientes. Ya sólo le queda uno.
Finalmente, el 5 de octubre de 1995 escala un hueso muy duro, el Kangchenjunga (8.586 m) con Troillet.
Ha escalado los catorce, pero aún así, Loretan no se aleja de los Himalayas y continua realizando grandes ascensiones. Sube con clientes al Cho Oyu en 1996. Poco después escala un siete mil, el Pumori, a través de una ruta nueva. ascenso que repite días después en solitario. Por dos veces intenta la travesía Mazeno-Nanga Parbat, y otras dos veces el Jannu por su Cara Norte.
Aventurero total, en 1994 y 1995 se va solo a la Antartida donde explora y escala algunas paredes virgenes. Es allí donde nace el deseo -que jamás hará realidad- de cruzar hasta el Polo Sur en esquís y en solitario. Poco después escala el Pissis (6.885 m) (1996) y durante la primavera de 2001 cruza Groenlandia sobre unos esquís y arrastrándo una pesada pulka.
El destino vino a buscarle el 28 de abril -el mismo día en que cumplía 52 años- en una ruta asequible en sus Alpes queridos. La muerte -que tantas veces había rozado- se llevó a este montañero ejemplar. El Guía Loretan no sobrevivió a una fatídica caída de 400 metros.
Con la desaparición de este suizo, el mundo del himalayismo pìerde a uno de sus más grandes referentes, a una de las personalidades más sinceras y extraordinarias de todos los tiempos.
¡Hasta siempre amigo!.

EL DAMAVAND, LA GRAN MONTAÑA PERSA

Han pasado ya tres años desde que Pako Sànchez (Crestas) y yo ascendimos al Damavand, en Iran. Fue el 1 de junio de 2008.
Recuerdo perfectamente como y donde nació y se gestó la idea. Fue en San Petesburgo a principios de febrero del mismo año. Habíamos llegado a Rusia con el objetivo de cruzar en esquís y trineo el Lago Ladoga. Pero el lago más grande de Europa (un mar interior diría yo) no se dejó, pues estaba practicamente descongelado. Es decir, después de 25 Km de hielo había un enorme agujero de más de ¡¡¡220 Km de largo!!!. Fue duro tener que renunciar sin haber visto ni tan siquiera el lago, pues lo estudiamos por fotografías realizadas con satelite. Recuerdo aquellos dos días de invierno (¿en la fría?) Rusia, recorriendo las calles de aquella mítica ciudad costera al Mar Baltico. ¡El Baltico!, ufff, el mar que tan buenos recuerdos me trae. En marzo de 2004 lo crucé en solitario y me marcó para siempre.
Ahora estábamos viviendo momentos más duros, pero Pako y yo siempre hemos sido unos grandes soñadores, capaces de fabricarnos sueños a nuestra medida. ¡Y claro! salió la idea de intentar escalar el Damavand, montaña que yo ya conocía t que había tenido la oportunidad de visitar tres años antes (junio de 2005). Sin embargo, en aquella ocasión el viento pudo con mi compañera y conmigo. Lejos de rendirme fácilmente, la idea de volver a intentarlo me azotó sin piedad durante mucho tiempo y seguía muy viva dentro de mí.
A finales de mayo llegamos a Teherán con un vuelo nocturno e inmediatamente nos fuímos hasta la montaña. A la mañana siguiente apareció hermosa y radiante, muy nevada. En aquellos momentos muchos recuerdos pasaron por mi cabeza. Ella se fue para no volver pero me quedó su recuerdo y las más de 400 montañas pirenaicas que juntos ascendimos. Su amor estaba allí, junto a mí.
El Damavand no nos recibe demasiado bien, y durante un día y medio las tormentas y los vientos azotan sin piedad a la montaña. Pecientes, esperamos en el pequeño pueblo a poco más de 2.000 metros de altitud. Gozamos de la compañia de las gentes del lugar, iraníes extraordinariamente amables y educados, muy serviciales, aunque algunos locos americanos traten de presentarnoslos como asesinos. ¡De eso nada!.
Se va el mal tiempo y llega la calma y de nuevo el sol. El Faro del Mar Caspio -que es como llaman al Damavand- nos muestra su postal más bella. Realmente se trata de una montaña muy estética, bastante alta y de grandes dimensiones.
Del lugar donde nos deja el auto hasta la cumbre hay casi 2.800 metros de desnivel, más o menos como el Aconcagua por la normal.
Queremos subirlo en dos jornadas efectivas, pues pararemos a dormir en el refugio y dedicaremos una jornada como mínimo a la aclimatación.
El 30 de mayo subimos hasta el refugio (4.200 m) en sólo tres horas, a través de un hermoso camino que me trae nemerosos recuerdos. Nos encontramos al pie de la Arista Sur.
El día 31 de mayo amanece despejado y sin viento. Subímos por la Arista Sur hasta los 4.600 y pico metros de altitud. Nos sentimos bien aclimatados.
El 1 de junio amanece completamente despejado y el frío es aceptable. ¡Nos vamos para arriba!.
A las siete y media de la mañana abandonamos el refugio. Subímos por la directa Arista Sur (una de las rutas normales del Damavand) a un buen ritmo. Estamos solos aunque bastante más arriba cerca de la cumbre sabemos que hay cuatro iraníes. De vez en cuando Pako me pega la bronca por correr tanto, pero yo no me callo y también le dedico algunas palabras “maravillosas”. Pero somos tan amigos que no le damos la más mínima importancia y nos reímos. Pero yo sigo a mi ritmo, sin hacerle caso. Pero quizás tenga razón mi viejo amigo de expediciones.
En poco más de cuatro horas nos zampamos los casi 1.500 metros de desnivel y alcanzamos la cumbre del Damavand (5.671 m). Las nieblas que hay en la Cara Norte nos impiden ver el Caspio pero la alegría es grande.
20 minutos es suficiente, pues el olor a azufre envenenado es insoportable.
¿La bajada? uffff tan rápida como la subida. Destrepamos la montaña, que, aunque fácil no permite un sólo fallo. Llego al refugio en sólo dos horas. Detras mío llega Pako y me pregunta porqué corro tanto. Risas y más risas y lo celebramos como Dios manda.
Volvemos a soñar, a labrarnos un objetivo nuevo, algo que nos haga sentir vivos. La naturaleza salvaje nos llama, las grandes o pequeñas montañas y los deiertos de hielo.

EL ATLAS EN INVIERNO; UN BONITO DESCUBRIMIENTO

“Para NICO”

Con sus más de 2300 kilómetros de longitud el Atlas es la cordillera más importante y extensa del Norte de Africa. Se trata de unas montañas formadas por grandes macizos unidos entre sí a través de numerosos collados, y otros de más aislados que dan un caracter extraordinário a esta cordillera.
Descubrí el Atlas un lejano mes de diciembre de 1999. Desde entonces no he parado de ascender, escalar y de guiar en ésta imponente cordillera, que, después de los Pirineos es donde más actividad he realizado y que considero mi segunda casa.
Al igual que nuestras cordilleras y macizos peninsulares, el tlas es también un lugar de cambios profundos y radicales, pues poco o nada se parecen el invierno y el verano en aquellas latitudes.
En verano, la ascensión a las más altas cotas apenas ofrecen dificultades por sus rutas normales. Sin embargo, con la llegada del hielo y la nieve el Atlas se transforma completa y profundamente.
He tenido la suerte de poder ascender a varias cumbres importantes y de escalar agujas en solitario en pleno invierno, incluidas tres ascensiones al Toubkal y el hielo vertical. Estas vivencias me han colmado de placer.
Igualmente, en verano, las ascensiones y las escaladas en roca me han ofrecido emotivas sensaciones… pero es durante la epoca más fría del año en que todo se vuelve más difícil.
En febrero de 2010 exploramos varias montañas y zonas muy poco concurridas cercanas al Macizo del Toubkal.
Tras abrir un corredor (Vía de la Jud) de 200 metros de desnivel y 45º/50º + mixto en la Cara N del Triangulo Rocoso de Mzik, un poco más a la derecha de El Somni d’Àfrica (una vía de roca abierta por nosotros en verano de 2009), nos trasladamos a la zona de las pistas de Oukaïmeden, donde tras explorar la Cara SW del Jbel n’Ouhattar (3.267 m), recorrimos un corredor muy asequible pero de más de 400 metros de desnivel que bautizamos como Vía del Nico, y dedicamos a un amigo que ya no está.
Lo que más nos llamó la atención de dicho lugar fue lo sorprendemente solitario y salvaje que és, además de tener una aproximación corta y fácil.
Nos sorprendió de verdad éste lugar tan hermoso.
A finales de noviembre del mismo año volvimos al mismo sitio y ascendimos a la misma montañas a través de la Cresta SW y después por la Cresta Sur, además de realizar la travesía de la montaña y de ascender a otras cumbres de la zona.
Volvimos a reencontrarnos con las mismas emociones y con unas montañas bellas y altivas que nos estaban esperando. Descubrimos, exploramos y escalamos bajo condiciones muy duras, pues nos nevó varias veces.
Vimos nuevas cumbres, otros collados y volvimos a darnos cuenta del potencial increible e infinito que ofrece esta cordillera a su paso por Marruecos.
El Atlas nos llama varias veces cada año nos ofrece sus tesoros recónditos que hay que saber buscar, ilusiones compartidas y grandes aventuras que pueden llenar toda una vida de ilusión…

LA TRAVESÍA DEL MAR BALTICO EN ESQUÍS Y EN SOLITARIO (EL DESEO DE IR MÁS ALLÁ)

“A mi familia”.
Cruzar el Mar Baltico completamente congelado, era un sueño que nació después de las travesías de Groenlandia y del Lago Inari (Laponia). Las travesías polares me habían atrapado irremediablemente y las ganas de ir siempre un poco más allá, buscando nuestros própios límites, me llevó al extremo norte de éste mar situado en el norte de Europa, en las puertas del Ártico.
Tras un primer intento abortado por las duras condiciones meteoriológicas y sobretodo por la nieve tan mala que encontramos, me decido por un segundo intento, pero esta vez completamente solo.
A principios de febrero vuelvo a casa, a mi valle pirenaico. Me siento mal por no haber podido dar todo lo que había dentro de mí. Al tercer día de travesía nos dimos la vuelta… las condiciones eran infrahumanas, pero no es ninguna excusa, más bien una motivación extra para volver algún día. ¿Algún día?. Tiene que ser ahora o núnca, pero sólo sé que va a ser muy complicado. Durante casi 40 días lucho contra mi própio cuerpo, contra mi mente, pues se perfectamente que es algo psicológico. Una parte de mi cabeza me dice que vuelva, la otra mitad que me quede en casa y espere a encontrar un compañero. ¡Dura decisión!.
Me refugio en mis montañas, y en pocos días realizo una dura actividad. Con un cliente realizamos una bonita primera ascensión en un muro de 300 metros en plena alta montaña. Estoy en plena forma pero quiero más…
Finalmente, a mediados de marzo me decido a partir y a intentarlo de nuevo. Esta vez me voy solo.
El Baltico Norte está en perfectas condiciones, pero sólo por pocos días, pues a finales de marzo empazará a resquebrajarse y en pocos días aquello se convertirá en un puzle gigantesco, imposible de cruzar y altamente peligroso.
Lo tengo muy claro, ha vencido el SI claramente y mi mente vuelve a estar límpia y muy motivada. Se que va a ser duro, quizás extremo, pero ¡me voy!.
Vuelo de Barcelona a Estocolmo y de aquí a Lulea, donde me espera un amigo lapón. Del aeropuerto nos vamos directo al mar. ¡Efectivamente!, las condiciones son excelentes. Nos vamos a su casa y preparamos las cosas. ¡Mañana empezará la travesía!.
Mi amigo me ha buscado una ruta muy directa, de unos 140 Km. situada más al norte del primer intento. Es muy segura, por lo menos es lo que dice él…
Voy a ir muy ligero, menos de 40 Kg en el trineo. Todo el equipo y alimentos necesarios para unos diez días, pero espero terminar en menos, quizás en cinco o seis, depende…
El inicio de la travesía es el momento psicológicamente más complicado. Me acuerdo de Groenlandia, me acuerdo de mi familia. Tengo un nudo en el estómago…. producto de la contemplación de aquel mar completamente congelado que tengo frente a mí. ¡Finlandia está a 140 Km!. Va a ser difícil llegar, eso lo tengo muy claro, como también tengo clarísimo que lo voy a dar todo para poder alcanzar la otra costa.
Aparte de las dificultades del hielo, se que allí hay lobos, zorros y también algún que otro oso despistado, pero sobre todo temo a los lobos, pues suelen ir en manada y arrasan con lo que pueden. En fín, mejor no pensar en estos depredadores.
Hoy es 19 de marzo. Me despido de mi amigo y me lanzo sobre las congeladas aguas del Baltico Norte.
¡Adiós amigo, hasta pronto!.
La nieve que cubre el hielo está en perfectas condiciones. Desde el primer momento voy muy rápido y me trago los kilómetros rápidamente. El nudo que tenía en el estómago desaparece y de nuevo soy yo. En pocas horas le saco 10 km al Baltico. Avanzo en línea recta y de vez en cuando consulto el GPS. ¡Voy bien!.
La primera jornada es maratoniana y me como cerca de 30 km en pocas horas. ¡La media es espectacular!.
Cae la tarde y alcanzo un islote, pero decido seguir un poco más, pues cerca de aquí he visto unas pisadas sobre la nieve muy sospechosas. No estoy tranquilo.
1 km más adelante vuelvo a parar. Monto la tienda encima del hielo y me instalo cómodamente. Estoy bien y sobre las ocho de la tarde me mandan el parte meteorológico: tiempo estable en el interior del mar con posibles nevadas en la costa. ¡Perfecto!.
Paso una noche tranquila y duermo placidamente.
La segunda jornada empieza muy diferente a la primera. Desmonto el campamento y a las nueve de la mañana me pongo a caminar. Hacia las doce del mediodía entro en aguas finlandesas. Llevo ya más de 40 km recorridos. Estoy contento y además, físicamente me encuentro muy bien. Me quedan unos 100 km hasta Oulu. ¡Veremos que pasa!.
El ritmo es inmejorable, pero a primera hora de la tarde mis ojos no dan crédito a lo que ven. A unos 3 km de distancia veo pasar un buque rompehielos. ¡Me quedo completamente helado!. Uffffff.
En poco más de media hora alcanzo el lugar por donde a pasado el buque. ¡Increible!; frente a mí hay un canal abierto de por lo menos treinta metros de ancho, y los bordes están completamente agrietados. ¿Qué hacer?. Primero doy un vistazo al canal: éste está tapado por miles de bloques de hielo de todos los tamaños. Lo intento una vez, otra, otra y otra más, imposible de cruzar, por lo menos hoy. No hace suficiente frío para que esto se congele y nadando tampoco puedo, pues el canal no está límpio. El momento es muy delicado y me armo de valor. Me alejo cien o doscientos metros del lugar y monto la tienda. Pasaré aquí la noche esperando a que esto se congele. A través del teléfono informo de mi situación.
Pasan las horas, llega la noche… y también llega el rompehielos cabrón otra vez. ¡Uffffff!. El capitán incluso me saluda, al final seremos amigos.
Sábado 21 de marzo: el día amanece un poco gris, hay niebla sobre el mar. Me armo de valor y lo intento de nuevo. ¡Imposible!, el frío no ha sido intenso y todo sigue igual. ¿Qué hago?. Cambio de planes y cambio de ruta, no saldré por el Este sino por el Noreste, es mi destino escrito. Esquio en paralelo al canal durante más de 30 km, en dirección a la costa finlandesa que alcanzo a primera hora de la tarde. Consulto el mapa y decido salir por la derecha, por una ensenada. Alcanzo tierra y poco después una pista forestal. A los cinco minutos pasa un chico con un 4×4 descapotable. Para; le digo que quiero ir a Suecia, al primer pueblo donde tomaré un bus para volver a Lulea. No entiende ni papa de inglés… pero nos hacemos entender y me lleva hasta donde yo quiero. Una hora y media más tarde estoy camino de Lulea. Mientras recorro la costa sueca recuerdo estos tres días y los 100 km de soledad, de riesgos y peligros, una experiencia que sin duda marcará mi futuro, mi existencia. Me pregunto si realmente es importante ser la primera persona que cruza el Baltico en solitario. Para mí es mucho más importante la experiencia vivida. Es lo que realmente me ha llenado; unos momentos único, quizás irrepetibles.
He sobrevivido y me considero un hombre afortunado. Detrás de mí queda un sueño más; otro deseo realizado que ahora muere… pero vendrán más y en el horizonte más cercano veo como nace otro deseo.

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