Imaginar… pensar… crear
Publciado por carlesgel - 17/05/13 a las 05:05:35 pmLA MONTAÑA COMO FORMA DE VIDA
La Naturaleza como Espacio de Aventura.
La naturaleza en estado puro, un lugar, un espacio donde dar forma a nuestras inquietudes, a tanto misterio, a algo que, quizás, sólo exíste en nuestros corazones.
Naturaleza, wilderness, en estado puro para siempre. Satisfacción, alegría, deseo, amor… hacia todo lo desconocido, hacia lo más salvaje que hay en la Tierra.
Quizás sea lo más bonito que tenemos los hombres.
El Sueño.
Soñar, atreverse a soñar y conquistar ese sueño… perseguirlo hasta el final con todas las consecuéncias. Sin lamentar… sin tan siquiera mirar hacia atrás. Sin recordar.
Ser libres para saber -y poder- escapar de nuestro propio destino.
¿Qué fue primero?: ¿El sueño o el deseo?, ¿el deseo o el sueño?. Se sueña pero también se desea; se desea y después se sueña.
Y los sueños están allí, no están esperando para poder abrazarlos y hacerlos realidad.
La Tormenta.
Ser prisioneros de la naturaleza y estar confinados dentro de una cueva de hielo, en una tienda, o en un campo base durante días, no es ni agradable ni motivador, pero se dice que de todo se aprende y en todo hay algo positivo. Cuando la tormenta acecha sin piedad y con una persisténcia abrumadora, surge el miedo, la inquietud…y llega el momento de la meditación, el momento de pensar tantas cosas…de dar un repaso a toda nuestra vida, de fomentar el diálogo interior… de acercarse a uno mismo… de ser capaces de llorar y desnudar el alma…
La Roca.
Agarrarse a la roca rugosa suavemente danar sobre el vacío, en la verticalidad absoluta que tanto atrae al escalador.
Una pared vertical y alta, un sendero que imaginamos y que trazamos sólo con nuestra mirada de niño que, aún siendo hombres todavía llevamos dentro, y que no queremos dejar atrás.
Porqué nuestro corazón es así y evoca un sentimiento inequívoco hacia ese mundo vertical y comprometido.
Danzar… bailar con la hermosa música de una pared Sur completamente vertical.
Hielo y Nieve.
¡Invierno!… la estación más fría del año. Sin embargo, no hace falta estar en invierno para poder conocer el frío más extremo. Este lo conoceremos cruzando el inlandsis groenlandés en plena primavera, o en verano en medio de la Antártida.
No obstante, el frío atrae a los que aman incondicionalmente la naturaleza en su estado más puro, los que prefieren la soledad, una noche en una cabaña oyendo la melodía característica de la nieve cuando cae, sinfonía de agua congelada, cascadas de hielo, corazones de invierno, sentimientos de pureza natural.
Pasión sin Reglas.
Lo más hermoso que tiene la montaña y el alpinismo en particular, es que nuestra actividad es una pasión que no tiene reglas, un juego particular que nos atrae irremediablemente y que cada día vamos conociendo mejor.
Las únicas reglas -ya por si tremendas- son las que impone la naturaleza.
Alpinismo Horizontal.
Un día descubrí lo que era tirar de un trineo sobre un glaciar, en una planície blanca del extremo norte de la Tierra.
Reincidí otras dos veces y a la cuarta quisímos llevar este desafío mucho más lejos, al Inlandsis de Groenlandia. Y cruzando la isla más grande del mundo fuí inmensamente feliz, y descubrí la verdadera libertad, una fuente de eterna juventud.
¡Autonomía total!…nomadísmo sobre un blanco infinito sin límites.
La blanca inmensidad no se puede comparar con nada, pues se trata de un lugar exclusivo donde la vida permanente es completamente imposible, y el hombre sólo es capaz -y es mucho- de dirigir sus pasos y ser libre para poder cruzar aquel terreno tan radical, capaz de generar temor, inseguridad y miedo.
Soledad Extrema.
Silencio, frontera absoluta, confin y final del mundo…
Soledad vivida en cualquier lugar del mundo, a veces, muy pocas, también en el calor del hogar. La soledad es capaz de aniquilar al individuo si este no es capaz, de adivinar y soportar lo que le viene encima.
Sin embargo, si aprovechamos la soledad en benefício propio, esta nos reportará una fuerza extra incomparable.
La soledad se puede vivir en cualquier montañaq; sin embargo, la soledad extrema y aniquiladora sólo la encontraremos y viviremos en lugares tan poco comunes y tan extremos como la Antártida, Groenlandia, el Polo Norte o un ocho mil en invierno.
Seminómadas.
Imaginamos, viajamos, vivimos y regresamos a casa, y, al poco tiempo de volver ya hacemos planes para volvernos a ir.
Viajeros de nuestro tiempo, que no sabemos estar en casa, pero que tampoco somos capaces de renunciar a un hogar, al nido donde volver.
Tampoco podemos renunciar a un amor, a nuestros hijos, a nuestra familia, padre, madre, hermanos… seminómadas del siglo veintiuno.
Viajamos y descubrimos, exploramos desiertos de hielo y escalamos montañas, y a menudo, cuanto más lejos mejor.
Buscar, explorar.. partir… en definitiva.. ¡vivir!.
Terreno de Riesgo.
La montaña es un terreno de riesgo, donde el peligro está siempre al acecho, ya sea en verano o en invierno bajo el peligro latente de las avalanchas.
Sin este riesgo, este peligro… el alpinismo sería completamente distinto. ¡Ya no sería alpinismo!. El riesgo forma parte de este juego. No es que nos guste especialmente, pero los alpinistas hemos aprendido a convivir con este, y ya desde las primeras salidas, llega a formar parte de nosotros mismos… y no nos dejará hasta el final de nuestra carrera, de este hermoso viaje.
Pero no amamos ni queremos ver en pintura el peligro. Intentamos evitarlo, pero no siempre es posible.
Países y Culturas.
Es algo muy hermoso y enriquecedor conocer nuevas tierras y nuevas culturas. Se trata de una de las grandes joyas que encierra el alpinismo. ¡Poder viajar!. Poder conocer lugares lejanos, nuevos hombres y mujeres que entran en nuestras vidas, y algunos, no vuelven a salir nunca más.
Con lo Puesto.
Lo he tenido siempre claro ya desde el primer visaje al Pico Lenin en 1988. Siempre en estilo ligero, y si se puede en estilo alpino, con el mínimo equipo imprescindible, casi con lo puesto. En solitario o formando pequeños equipos de dos o tres personas. Para mi es lo mejor. Está claro que si sale bien será un recuerdo imborrable. Si sale mal será doloroso.
Subir una gran montaña en un estilo ligero, ya sea solo o formando cordada rápida y fuerte… o cruzando los Polos o Groenlandia de esta manera, forma parte de la história más hermosa, de una manera de entender la montaña y los polos que no tiene comparación, y en cambio, mucho compromiso.
La Pasión que se Libera.
La montaña nos hace dueños de nuestras vidas, de una manera de entender y de vivir la vida, quizás poco común, y, a la vista de algunas personas, imposible de entender.
Es verdad que esto tampoco nos importa demasiado, sobretodo cuando llevamos tantos años en este mundo que nos hace felices.
Sabemos también, que esto no lo cambiaremos por nada, que nuestra pasión nos hace aún más libres, y lo damos todo por la montaña.
El Camino.
En la vida cada persona tiene que saber elegir su propio camino y, a poder ser, cada individuo tiene que ser dueño de su propia vida.
El camino es fundamental, y no es más que la manera de expresar las ideas de cada uno.
Una primera montaña da paso a una segunda, y después una tercera. LLega el momento en el que hay que saber elegir el camino que nos toca seguir…La pareja, el matrimonio, los hijos… son amenudo un obtáculo insavable. Hay muchas piedras, muchas grietas en el camino..
Otras personas tienen la suerte de seguir un camino más placentero.
Con el riesgo se convive… el peligro es más complicado. Hay que saber elegir.
Finalmente, hay un grupo de hombres y de mujeres, que son capaces de dedicar la vida a su gran pasión, las montañas. No son capaces de renunciar al amor hacia la naturaleza.
Perseguir los Sueños.
Seguramente, no hay nada más hermoso en la vida, que perseguir los sueños y hacerlos realidad. Este es la principal motivación que da vida a nuestro cuerpo y nuestro corazón.
Soy un soñador empedernido que se mueve entre sueños reales e irreales. Pero creo que la vida está concevida para poder hacer realidad todos estos sueños, sean complicados o no. Nos lo merecemos… pero hay que perseguirlos hasta el final, siempre con determinación.
La Noche Blanca.
Invierno en el Ártico… invierno en nuestros corazones… el lugar más desolado de la Tierra. No hay nada que pueda llegar a compararse a una noche polar en invierno, donde el frío mortífero es capaz de acabar con la propia vida. Aún así, la belleza de una Aurora Boreal colgando del cielo infinito y oscuro, es lo más hermoso que puede ver el ser humano, la naturaleza en estado puro en las latitudes septentrionales del planeta.
En los Territorios de Septentrión nada es igual y todo se parece. El frío, el hielo, la nieve, la tundra, las planícies… forman un conjunto capaz de cautivar corazones inquietos.
Pensamientos.
Pensamiento… recordar aquel sueño que tanto nos marcó, o aquella montaña mágica, aquel desierto de hielo grabados en nuestros corazones… porqué hay histórias que, primero se piensan y después se escriben con el corazón. ¡Pureza llevada hasta el extremo!.
Inquietud al vislumbrar el sueño, satisfacción al hacerlo realidad. Pensamientos de invierno, pensamientos inequívocos de un sueño labrado en soledad. El pensamiento radical nos lleva hasta la vida más pura, a descubrir y ver que hay más allá de aquella naturaleza tan irreal.
Terreno Vertical.
La verticalidad como fuente de inspiración, un terreno grandioso lleno de soledad, un espacio infinito que nace de un sueño extremo, y que nos lleva hasta otro aún más grande y radical si se quiere.
Afrontar una pared vertical es acercarse a la frontera de lo desconocido, la frontera donde las únicas reglas que existen, son las del alpinista escalador.
Lo vertical como ley de vida, un pensamiento incierto y penetrante en el tiempo capaz de llevarnos muy lejos.
Sin Riesgo no hay Vida.
¡Qué sería la vida sin los hombres y mujeres que a lo largo de los ultimos siglos lo han dejado todo y has partido en busca de nuevos retos?.
Seguramente aún estaría todo por descubrir.
Afrontar los sueños más hermosos, aún sabiendo que podemos morir en la empresa. Está claro que la vida ya es de por si un riesgo. Sin embargo, aún exísten hombres y mujeres que siempre irán un poco más allá que el resto, aceptanto el riesgo como fuente de inspiración.
Dolomitas, montañas en libertad
Publciado por carlesgel - 23/04/13 a las 12:04:10 pmSon las grandes catedrales de roca que hay en los Alpes, unas montañas que poseen un alto grado de libertad, algo así como un sentimiento que se extiende a lo largo y ancho de algunos centenares de kilómetros, encontrando además de montañas, valles bucólicos y lugares de ensueño que nos harán soñar con nuevas sensaciones y aventuras.
Dolomitas… el pensamiento inequívoco del alpinista, el escalador y el esquiador… un pensamiento que se adentra en los valles, que recorre los spígolos, las crestas y esas formidables paredes capaces de parar -durante unos segundos- la respiración del hombre alpinista que maravillado, contempla esas bellezas naturales con un corazón de adulto, una mirada inquieta y penetrante, y unos ojos de niño que parece descubrir aquel mundo.
Las Dolomitas son así… un encuentro de sensaciones… de mil imágenes que se amontonan por todas partes llevando todas estas ensaciones a un cúmulo de experiencias en libertad que no tiene precio.
Recuerdo un domingo de este mes de abril en Plose, en pleno Südtirol, muy cerca de Villnöss (Val di Funes para los italianos), la patria del gran Reinhold Messner.
Se hacía tarde, y durante la mañana el tiempo no había sido bueno. Hacía días que “il tempo brutto” acechaba la región dolomitica y los Alpes en general.
Pero mis enormes ganas por escalar y hacer montaña, y la motivación extra que tenía to esa jornada podían con todo, e inspirado por la cercana Furcheta y el Sas Rigais, en el cercano Macizo del Odle, y los Montes Geiser, las montañas de Messner, decidí acometer una hermosa ascensión a través de una cresta nevada y unas pendientes nevadas que me llevaron hasta el final, la parte más alta, culminado por un pico maravilloso, y una tarde que, a medida que moría, se hacía más hermosa.
El viento y el frío, así como un sol bucólico, me acompañaron a lo largo de aquella bonita ascensión.
No olvidaré nunca aquella jornada tan especial… tampoco el frío, la nieve dura… y la increíble luz de aquella vertiente sur totalmente hechizada… aquellas montañas dolomíticas que cerraban el horizonte más cercano, y también el más lejano.
Me senté en un montículo nevado, mientras pensaba en aquellas montañas salvajes que el hombre inquieto, había conseguido amar apasionadamente, dándolo todo… sin intentar destruir aquel paisage sublíme que, de una manera brutal, estaba ante mis ojos. La Furcheta… el Sas Rigais… más allá la Marmolada, Sella….
Las Grandes Catedrales de Roca… Dolomitas… un lugar exclusivo que nació después de un cataclísmo capaz de destruir una porción de la Tierra… de alimentar leyendas durante décadas, de no morir jamás…
Sentado allí arriba a las siete y cuarto de la tarde era completamente feliz. Estaba en la última de las cinco cumbres, y tenía que volver al valle, donde me esperában, volver al calor del hogar, de los sentimientos, allí donde nacen nuevos sueños… de las largas conversaciones con los amigos de montañas y de histórias aún por contruir… se diga Marmolada, Pelmo, Furcheta, Geiser, Monte Rosa o Pirineos.
Era feliz y ansiaba recorrer aquellas montañas… vivir los sueños… enamorándome de las Dolomitas….comprender la razón del porqué y encontrar esa respuesta….
La montaña de mi fantasía
Publciado por carlesgel - 23/03/13 a las 09:03:32 pmA un estel solitari…..
Las montañas siempre han formado parte de mi vida, y no tan sólo estas, sino también los valles, los pueblos, los lagos y sus gentes… algo tan fantástico como la própia vida y sus sueños, que perseguimos sin descanso.
Nunca he considerado que la montaña sea un deporte; para mí es una forma de vida, una manera como cualquier otra de vivir, si se quiere quizás sea más intensa, un verdadero placer, pero en definitiva es una manera de vivir, un sentimiento al que muchos hombres y mujeres han dedicado -no algunos años- sino toda una existéncia.
¿Existe la montaña perfecta?
¡¡Seguramente!!
En mi cabeza imagino una montaña hermosa, salvaje, y a la vez profundamente humana, donde hombres y mujeres fascinados por las alturas escalan, esquian, se emocionan y rien embriagados por un placer de riesgo que quizás, sólo las montañas pueden proporcionarnos. ¡Jugar a algo que conscientemente nos lleva a un más allá, a un riesgo que debemos gestionasr con naturalidad y sin dejar un cabo suelto!.
Siempre me he acercado a las montañas con humildad, y siempre con una gran ilusión, el deseo inequívoco de continuar aprendiendo. Cautivado por la belleza de la naturaleza más pura, seducido por los colores de un atardecer, o hechizado por un frío amanecer. A lo largo de todos estos años he sido consciente de esta belleza que no tiene precio.
Después de tantos años, más de una vez me he preguntado que me lleva a seguir subiendo montañas, a escalarlas y a esquiarlas… a sentir la emoción de “hacer la mochila” una y otra vez, de recuperar aquellos preciosos instantes, la ilusión de un adolescente que ve en las montañas su ilusión y un futuro lleno de sueños. Canalizar todos estos sentimientos que alguna vez creímos perdidos, el deseo irrenunciable de ver que hay detrás de aquella cumbre de mil colores…
Y en mí, no hay más secreto que la ilusión y la motivación, y porqué no, el descubrimiento y la exploración de los rincones perdidos, tan sólo al alcance de aquellos que se atreven a soñar en caminos nuevos, o simplemente, en “perder el tiempo” en busca de una utopía.
¿Y acaso no son hermosas las utopías?.
Caminar, buscar, explorar, encontrar, escalar una línea y dar sentido a una jornada que se suma a otra, y a otra… y al final construyen toda una vida. ¡Es el maravilloso mundo de la montaña!, un universo único; un juego hermoso y fascinante que nos da lo mejor y también es capaz de quitarnos lo que más queremos y amamos.
¿Somos nosotros, los alpinistas, los que escogemos a las montañas, o son estas -con su eterna feminidad- las que seducen al alpinista?.
El pensamiento es libre, como también lo es el poder elegir de manera libre y natural nuestra manera de vivir.
Cuando sólo tenía siete años sentí la llamada de la montaña…. acudí a ella lleno de curiosidad y de misterio… quedé fascinado para siempre. Más adelante, siendo un adolescente, la montaña pudo con todo y me mostró el camino a seguir… elegí aquelló que corazón y cabeza acordaron, ¡qué suerte la mía!.
Amamos, sentímos, escalamos, y las montañas nos provocan, como la mirada de aquella chica de ojos claros que nos espera cada anochecer, y nos abraza con ilusión y con una ternura ganada en las montañas.
Hay montañas que son bellas, y se encuentran en medio de valles hermosos que seducen al alpinista romántico que decide escalarlas, símplemente, porqué están aquí, entre nosotros.
El alpinista ama la estética de las grandes catedrales de roca, también la de las montañas de nieve y hielo que viven entre glaciares. ¡No hay amor más grande y hermoso!. Una seducción, una provocación, ¡vida pura!, como la mirada del primer amor, de la fantasía que nos lleva a soñar en nuevos retos, como los ojos inocentes de aquella mujer que un dia llegamos a amar con locura, por la que perdimos los sentidos, la orientación y casi la própia vida, un recuerdo que jamás morirá…. un sentimiento perdido capaz de resurgir con una fuerza desmesurada, arrancada del corazón del poeta alpinista… el amor hacia las montañas, ¡lo más hermoso de nuestras vidas!.
El alpinista romántico
Publciado por carlesgel - 04/02/13 a las 08:02:44 pmCuenta la historia que hubo una vez un alpinista romántico e inquieto que, al principio de su carrera, escalaba las montañas para poder ver que había detrás de cada una de ellas. Esta inquietud le llevó a subir a muchas y a descubrir muchos paisajes.
Pasaron muchos años, y después de satisfacer su enorme curiosidad, continuó escalando montañas, simplemente porqué le gustaba y porqué en las alturas, encontraba la felicidad que nunca había encontrado en la llanura o junto al mar. ¡Era feliz y no quería renunciar a aquella vida que era lo más parecido a un sueño!.
Y subió alto, muy alto, sin descanso, escalando montañas casi cada día. Estas le llenaban tanto que se lanzó a por todas. Primero los Pirineos, después las cumbres de Asia, las de América, las de Africa, las del Artico… y sin casi darse cuenta pasaron veinte años y continuaba escalando montañas, dedicando sus mejores años a la naturaleza más salvaje, la que tanto le llenaba.
Su corazón inquieto le llevó a conocer a muchas personas, hombres y mujeres, ya fueran autóctonos o viajeros como él, con los que pudo compartir unos instantes de felicidad, ya fuera frente a un café, en una cumbre… e incluso instantes que ya nunca más olvidaría, pues algunos de estos hombres y mujeres le marcaron con el sello de la eterna amistad, y esos recuerdos siguen vivos en el corazón del alpinista romántico. Conoció amistades entrañables, miradas penetrantes, amores ocasionales y muchas montañas.
Cuenta la historia que este alpinista se casó con las montañas; vivió en ellas y se hizo guía. Amó y se entregó a su oficio con mucha ilusión y pasión. Siguió escalando cumbres, ya fuera solo, con amigos o con sus clientes a los que acompañaba por las pendientes nevadas o por sus crestas rocosas.
Pero su fuerte era la geografía: conocer cada rincón, cada pueblo, cada montaña y la historia de estos y estas. ¡Era lo que más le gustaba y colmaba!.
Se enamoró prdidademente de esta, su otra gran pasión.
Para él las montañas eran importantes, pero aún lo eran más las personas que había ido conociendo a lo largo de tantos años, de aquel viaje sin final.
Y un día, cuando casi todas las montañas y glaciares habían colmado sus deseos, encontró por pura casualidad al amor de su vida, una mujer hermosa y elegante, que era imposible que pasara desapercibida a la vista de aquel hombre, el alpinista romántico.
Cuenta la historia que hubo un principio, y que ambos compartieron montañas mientas que el sentimiento del amor y del deseo, crecía en ambos, y al bajar de una montaña cualquiera y despedirse poco después… al poco tiempo la nostalgia llamaba a sus puertas y ambos se añoraban.
¡Cuanta ternura había en las palabras que ambos se dedicaban!.
Él solía regalarle una rosa a su Dama, y esta -mientras le abrazaba- le decía que era el Príncipe de las Montañas, mi Príncipe.
“Te amo porqué eres pura pasión y tus ojos se iluminan cuando miras las montañas” le decía él.
y ella añadía….
“Eres vida, me das vida, y tienes tanta energía que esta me llega con mucha fuerza”
Juraron escalar muchas montañas, prometieron amarse infinitamente y juntos, poder vivir cada momento como si fuera el último. Los sentimientos que compartieron fueron tan intensos como los ojos de aquel explorador que viaja al Artico y decide dedicar su vida al hielo polar.
Vida, pasión, deseo inagotable…. había mucho en sus vidas, ¡Y se amaron!.
Pura vida
Publciado por carlesgel - 13/01/13 a las 08:01:59 pmExisten en el mundo hombres y mujeres, capaces de asumir todos los riesgos para poder llegar a ser felices eternamente. No importa lo complicado que sea el reto, lo importante es llegarlo a hacerlo Real. Estas personas son realmente afortunadas, pues sueñan los sueños en un mundo de fantasía, y después los viven en la realidad. ¡Qué bonito!
Pero nunca nadie, ha diche que este sea un camino facil… sino todo lo contrario. A veces, uno tiene que dejarlo todo y seguir el camino que dicta el corazón.
Profeso un amor incondicional e infinitamente inesgotable hacia las montañas, ¡todas las montañas!, aunque los Pirineos siempre han sido las que más amo y donde he disfrutado al máximo.
Escalar, esquiar, caminar, en definitiva, pasar frío en las más altas montañas, maldecir en un vivac no previsto… pasar miedo en los corredores de las caras norte…gritar, llorar vaciarme para volverme a llenar, llegar a la cumbre para culminar un nuevo sueño, sentir como la vida se puede escapar para siempre en cualquier filo de una cresta…. Las montañas me han dado la razón y el peso de existir, de continuar luchando por algo hermoso y único.
No hace demasiados meses que conocí -casi por casualidad- aunque yo no creo en las casualidades, sino en el destino escrito, a una persona que, desde el primer día me pareció genial y llena de vida, llena de amor y con una personalidad muy poco común que me atrapó desde el primer momento en que la vi.
Una primera cita dio paso a un segundo encuentro… y un tercero… y un cuarto….y un día de primavera -ambos- nos dimos cuenta que entre nosotros, nacía una amistad muy bonita y entrañable que -posteriormente- nos llevó a subir y bajar montañas, a esquiar pendientes nevadas, a escalar crestas, a compartir horas de rocodromo y sensaciones, muchas sensaciones diferentes frente a una taza de café bien caliente que me han llenado de vida para siempre.
Y juntos hemos reído mucho, nos hemos abrazado al llegar a una cumbre y también lo hemos hecho en el llano verde y hermoso, o junto a un lago, y también en las largas noches de luna llena pasadas en nuestra cabaña de madera.
Esta persona, una mujer hermosa y elegante -exterior e interiormente- y a la que siempre llamo por su bonito nombre tiene un pequeño defecto: le gusta tanto disfrutar de la vida y sus pequeños placeres que yo la llamo ¡PURA VIDA! pues ella sólo la desea poder vivir al máximo, embriagarse de placer y vivir la montaña sin límites… pues junto a sus hijos es lo que más ama.
Y ella tiene suficiente calidad y capacidad para poder subir las montañas por rutas salvajes y poco transitadas… y vivirlas a tope.
En pocos meses he tenido la oportunidad única de poder escalar muchas montañas al lado de esta mujer de vuelo inefable y exclusivo, con un corazón repleto de cariño y energía pura, y tan romántica, que es capaz de escribir textos maravillosos capaces de poner la piel de gallina al hombre de hielo. ¡Pura vida, pura poesía!
Tú…. eres lo más parecido a un sentimiento entrañable repleto de miles de sensaciones siempre diferentes y nunca iguales… una fada nacida en el coll del mismo nombre y dispuesta a dar todo su amor al hombre que se la gane con su cariño y pasión, ¡un abrazo eterno que nació junto a las nieblas de su hogar! cerca de las montañas más altas.
Sabes que junto a tí las montañas son diferentes, están llenas de vida y de amor….
Esta noche llueve y arriba nieva… pero te siento cerca, igual que la primera vez…
A tí va dedicado este bello escrito…….
Castillos de roca y nieve
Publciado por carlesgel - 31/12/12 a las 06:12:52 pmHubo una vez un principe que vivía en un castillo heredado de sus padres en pleno corazón de los Pirineos, allí donde la nieve se hermana y conjura para siempre con la roca, y las lagrimas de hielo adornan esta formidable atalaya de tres mil metros de altitud situada en el centro de la cordillera de montañas más bella y hermosa.
El señor -amante incondicional de la naturaleza salvaje- y alpinista ocasional, además de una persona sensilla y noble, le gustaba caminar y perderse por los bosques y las praderas que había heredado y que mantenía vírgenes e intactas. Una de sus aficiones era observar las flores más hermosas, otra, contar lagos, y aun había otra, observar a los rebecos y a los muflones por los que tanta admiración sentía.
Había subido algunas montañas, pero su corazón romántico le llevaba a observar y observar las grandes montañas hasta emocionarse y embriagarse de placer.
Aprovechaba los veranos y otoños para hacer recorridos llenos de magia que daban sentido a su existencia.
Los inviernos largos y duros le recluían en su castillo rodeado de sus hombres más fieles y algunas doncellas hermosas, cuya sonrisa seductora y maneras elegantes, no pasaban desapercibidas. Sin embargo, el principe se sentía solo y no hacia más que soñar con las montañas y con una mujer a la que había perdido años atrás y a la que no podía olvidar, ni tampoco quería y podía.
Cuando la primavera asomaba en el horizonte, su corazón romántico y soñador destilaba pasión por los cuatro costados, y una energía incontrolable se apoderaba de su cuerpo inquieto.
Los recuerdos inundaban su cerebro y todos los rincones de su cuerpo.
A mediados de mayo hacía sus primeras incursiones hacia las montañas más cercanas. Le costó cerca de un mes cojer el ritmo y la forma física adecuada, pero en julio su condición era excelente. Cada vez iba más lejos, y cuando la noche le acechaba en ningun momento dudaba en vivaquear, aun a costa de toparse con algun oso pardo o algun lobo, que los había a centenares. Sin embargo, la suerte siempre le acompañaba y volvía a casa sano y salvo.
Un día de agosto, atraído por las poderosas luces, la magia y la estética de uun castillo de roca y nieve perpétua, caminó hacia éste con la esperanza de ver que había más allá.
Para su sorpresa, a mitad de la ascensión, en medio de un estrecho corredor de roca, se encontró a una elegante Dama, que se ofreció a compartir el resto de la ascensión con aquel principe nacido en las montañas.
La hermosa Dama, de mediana edad, era rubia, bastante alta, delgada, y poseía una mirada franca y una sonrisa elegante a la que el principe no estaba acostumbrado o quizás si, pero a la que había renunciado por miedo a toparse con un antiguo fantasma.
Justos compartieron aquella hermosa ascensión, y ambos se citaron para realizar algunas escaladas en otros lugares de la cordilerra más bonita.
Con el paso del tiempo lograron formar una poderosa cordada donde juntaban corazón, fuerza, energía, inteligencia, sentimiento y tenacidad.
Los dos jóvenes se sentían bien el uno al lado del otro, pero no había espacio para el amor y el cariño, tan sólo para el recuerdo y la nostalgia.
Solo el paso del tiempo podía ofrecer a los corazones de ambos comprensión y cariño. Pero ambos amaban las montañas, y el jóven principe había conocido el terreno vertical gracias a la Dama.
La Dama desapareció para irse lejos, mientras el principi volvía a su casa.
Terminó el verano, después murió otoño… y el invierno se hizo largo, demasiado largo y pesado para ambos, sobretodo para el principe, aunque también para la Dama.
Un día de sol radiante y frío soportable, el principe recibió una carta de la bella Dama cuyo final de texto decía así: “lejos de tí, las montañas adquieren otro sentido… sueño con poderlas abrazar… sueño con poderlas escalar a tu lado… poder sentirlas muy dentro de mi… ¿Me acompañarás? ¡lo deseo con todas mis fuerzas!… como deseo verte y poder mirarte a tus ojos de poeta…”
El frío azotó media Europa y las tormetas acecharon las montañas sin piedad ni tregua alguna, durante meses.
Se dice que lo bueno tarda en llegar y que cuando llega es gratificante. legó primavera, y ambos se citaron en una pequeña aldea lejos del castillo.
El reencuentro fue hermoso y sincero, escrito por recuerdos de antaño y la fuerza de un destino feroz e impecable. La Dama miró fijamente a los ojos del principe, mientras éste musitaba en voz baja los recuerdos y sentimientos de un invierno pasado.
“Tu carta me llenó de ilusión, y tu letra alegró durante semanas mis noches de soledad, hasta que la nieve se fundió y las lagrimas de hielo dejaron de tener sentido. Sin ella… el invierno hubiera sido aun más duro y difícil. Eres vida pura…”
Ambos se miraron dulcemente, y después juntaron sus bocas para dar sentido a aquel mundo de pasión.
Y la carta terminaba así:
“No sabes cuanto deseo que llegue la primavera…”
Durante las últimas semanas de invierno, el principe, cautivado por estas palabras, llegó a escribir sobre la nieve helada:
“Te quiero y me gustaría que fuera para siempre”
Y estas palabras quedaron impresas en el corazón de ambos para siempre…
Cuando la montaña se viste de mujer
Publciado por carlesgel - 10/12/12 a las 08:12:48 pmNo hay nada más hermoso, bonito y elegante, que ver una montaña de blanco inmaculado, vestida con el traje de novia a punto de casarse, y con el velo reconvertido en cornisa.
La naturaleza salvaje y en particular las montañas siempre me han fascinado. Muchas veces, amigos y no tan amigos, me han preguntado: ¿por qué? ¿por qué este amor hacia las alturas, hacia lo desconocido? Soy feliz allí arriba respondo sin dudar. Las montañas me lo han dado todo, pero también me han quitado cosas bonitas y seres queridos. Es facil resumirlo: sus líneas, sus espolones, sus aristas, sus paredes verticales… todo esto se hermana y conjura para formar las Catedrales más hermosas y grandes que hay en la Tierra. Eso y la tranquilidad y la paz que se respira en las montañas, me basta para dar sentido a toda una vida y dedicar mis mejores días a estas catedrales de roca, nieve y hielo, ¡la pureza extrema!
Hay un cuento que dice así: hubo una vez un príncipe soñador y romántico que creía en el amor más puro y se enamoró de una bella y hermosa dama tan inquieta y fascinante como él. La conoció un día de primavera, cuando el frío tocaba su final, agonizaba i nacía una primavera de raíces inquietas y sueños inquebrantables. Desde el primer momento, el príncipe sabía que estaba ante una dama particular y diferente, pero no estaba seguro de poder amarla. Pasaron las largas jornadas primaverales y compartieron algunas montañas y aventuras, momentos de deseo y de pasión que les unieron cada día un poco más. Llegó el verano y el príncipe partió de viaje hacia unas montañas más lejanas, mientras la princesa recorría sus amados Pirineos. La distancia nos les alejó ni un sólo momento, sino que les unió y les llevó el amor.
El príncipe volvió al encuentro de su princesa y quiso seducirla, llevándola a lugares mágicos que sólo él conocía: el hermoso Pic Negre, el Castillo encantado del Ballibierna, la atalaya petrificada del Salvaguardia, la Tuca de Mulleres…. así como a otros castillos encantados y hermosos donde ella era feliz y colmaba de amor a su príncipe.
Un día de agost, justo al llegat al Coll de Fades, el lugar donde se hermanan para siempre los valles de Isábena y Benasque, el príncipe besó a la princesa, y tras permanecer más de veinte minutos en aquel lugar encantado y mítico, la princesa quedó encantada y hechizada para siempre. Esta pasó a ser una fada y allí se enamoraron perdidamente. El Coll de Fades es un lugar que marca y el príncipe lo sabía.
Y ambos continuaron caminando y escalando montañas… mientras el verano agonizaba y el otoño llamaba a la puerta. El príncipe seductor estaba completamente enamorado de aquella hermosa dama que se lo daba todo y ¡¡¡más!!!
¡Otoño mágico! cada vez más…. pero el tiempo pasa y llega el invierno y las nieves, las montañas vuelven a ser eternamente femeninas, ¡pureza blanca! y ambos seguían escalando, pero también esquiándolas y buscando dientes de hielo y pasillos helados para poder escalar.
El príncipe había escalado numerosas montañas de todo el mundo, las amaba, pero un día, una mujer bella por fuera y aún más hermosa por dentro se cruzó en su camino, y el príncipe la amó apasionadamente, dándole todo el cariño que había en su corazón nómada. Ella amó al príncipe y se lo dió todo y ¡¡¡más!!! y juraron que las montañas y la vida les unirían hasta el último día en esta Tierra de hombres….
Una noche el jóven hombre le musitó dulcemente a su jóven dama: no hay nada más hermoso y que me llene tanto, que estar a tu lado y ver amanecer cada día, compartir las montañas y llenarme contigo, porqué me lo das todo, todo….y de mí sale lo mejor.
……Y juró quererla para siempre dejándolo escrito en un papel.
Historias de invierno
Publciado por carlesgel - 22/11/12 a las 08:11:21 pmAhora, que poco a poco se acerca el frío, la nieve… el invierno que tanto amamos los alpinistas de altura, me vienen al pensamiento algunos recuerdos imborrables de montañas lejanas y no tan lejanas, que nos han visto trepar por sus aristas y corredores nevados.
El alpinismo invernal es duro, pues requiere una muy buena preparación física, un nivel técnico aceptable, una condición psicológica privilegiada, capacidad de sufrimiento y sobretodo saber improvisar. En Pirineos y en otras cordilleras similares, un Plan B, C, D y hasta E…. es siempre oportuno y eficaz, pues no siempre nos encopntraremos las condiciones deseadas o una meteorología bonachona. Ya se sabe que quien manda a una cierta altitud, siempre por encima de los 2.500 metros, es la naturaleza, esa alta montaña salvaje e inhóspita que tanto nos hace disfrutar, y a quien dedicamos nuestros mejores días, algunos toda una vida que ya es decir.
Recuerdo inviernos muy malos donde la improvisación ha jugado un papel fundamental. En marzo de este mismo año, un sábado con buena pinta, nos dirigimos muy de mañana hacia el andorrano Pic de Montmalús con la intención de abrir una ruta. Hacia las 11 de la mañana las nubes comenzaron a entrar procedentes de Catalunya… en muy poco tiempo el cielo azul dejó de serlo y un gris amenazador cubrió el firmamento. Además, al quitarnos las raquetas, Jordi y yo nos dimos cuenta que con medio metro de nieve nueva poco íbamos a hacer. Pero, pero, pero….. a la izquierda descubrimos una cresta bonita, un terreno mixto que se perdía hacia las alturas buscando ese cielo gris que cada vez era más oscuro. ¿Volver de vacíos al coche? ¡Ni hablar!
Una travesía hacia la izquierda nos devolvió al alpinismo auténtico de exploración. Nos encaramos por un corredor de 50º y al final conseguimos coronar la sinuosa arista de nieve y roca plagada de cornisas. A través de esta fuímos dando vida, motivación y razón a una jornada invernal que la noche anterior habían dominado las estrellas y el frío de la alta montaña. Recorrer aquella arista comportó elevarnos en busca de algo que, quizás sea efímero, pero que es capaz de dar sentido a una jornada de alpinismo, una jornada que se junta con otra, y otra, y otra, y da sentido y razón a toda una vida.
Ejemplos como este los he encontrado a decenas a lo largo de mi vida de alpinista, y no tan sólo en los Pirineos, sino también en los Andes, Alpes y Sierra Nevada.
Saber elegir, descubrir, dirigir la mirada hacia un destino incierto siempre dominado por las sombras, por el frío extremo, por una naturaleza desafiadora capaz de desgarrar las ilusiones de cualquier hombre….
Pero los alpinistas amamos estos desafíos y nos es imposible vivir sin ellos, pues nos hace evolucionar y ser mejores personas. Recuerdos, siempre recuerdos….La Norte del Pic de l’Infern… tantas veces intentada, tantas veces deseada cuando aún era un adolescente. Las largas aproximaciones con esquís desde Núria, los vivacs bajo las estrellas, la lucha contra mi mente vencida de madrugada…la amargura por tener que abandonar… el tiempo pasa nos hacemos mayores y la mente también. Llega un momento que actúa casi como un autómata y el miedo desaparece…y somos capaces de enfrentarnos a las rutas duras que nos habían rechazado una década atrás. Y salímos airosos, vencedores…ganamos la partida y amamos a las montañas con todas nuestras fuerzas. ¡Cuánta ilusión y cariño depositado en una ruta! Días de amores y desamores, de ganas de darlo todo y vaciarnos hasta quedar desnudos. Piel contra piel…
Las Caras Norte nos hacen sufrir casi siempre, emboscados en el placer de las sombras… ¡pero las deseamos tanto! Sumirnos bruscamente y avanzar hacia arriba, buscando los rayos de sol que nos calienten, la salida.. la arista… la cumbre y toda una vida bajo nuestros pies…
Y un día cualquiera nos damos cuenta que somos parte de la naturaleza más salvaje… que las montañas nos colman de placer e ilusión….
La torre Cordier
Publciado por carlesgel - 31/10/12 a las 08:10:15 pmBajo el bellísimo Pico Cordier, en la vertiente norte del célebre Macizo de la Maladeta, esa cara que aún dominan los glaciares que sobreviven en invierno y agonizan en verano, una pequeña y compacta torre de granito oscuro llama la atención de todos aquellos que fijan su mirada hacia los colosos de tres mil metros.
Hace pocas fechas mi buen amigo Alberto Martínez Embid junto a Alberto Hernández (a quin todavía no conozco), publicaron en la Revista Desnivel un genial artículo sobre las Maladetas Occidentales. Entre tanta descripción de tres miles estéticos, Alberto destacaba la famosa torre de la discordia. Animado por mi amigo aragonés, quien me propuso y es más, me animó y provocó de alguna manera a que “me soltara” decidí escribir este escrito referente a esta torre tan maja, como diría mi amigo maño.
Entre 1996 y 2002, tres pirineístas catalanes, Tòfol Tobal, Jordi Pons y Ramon Solís) fijaron sus ojos en un monte sin nombre situado entre el Pico Cordier (Norte) y el Dién de la Maladeta (Sur), una torre perfecta que es bien visible desde La Besurta. Al estar tan próxima al Pico Cordier la llamaron Torre Cordier, un pico de 3.052 metros de altitud.
En abril de 2004, estos pirineístas ascendieron a la Torre Cordier por la que ahora es la ruta normal, mientras que los últimos días de julio del mismo año, Pons y Solís, escalaban la magnífica Pared Norte a través de una ruta de 200 metros de desnivel y dificultades de hasta IVº. Se trata de la 1ª Ascensión de la Cara Norte de la torre.
En esos días yo también soñaba con la misma pared de la torre. Después de observarla una y otra vez, le propuse a mi buen amigo Sergi Lucas, escalar la pared por una ruta más directa y difícil. La calurosa y soleada mañana del 9 de septiembre de 2004, Sergi y yo abrímos una nueva vía directa en la Pared Norte y de esta manera realizábamos la segunda ascensión de la pared, un itinerario de hasta Vº y casi 200 metros de desnivel sobre un granito vertical excelente, que dejamos totalmente desequipado.
¡Fue un bonito sueño hecho realidad!
Esta primera incursión a la Torre Cordier me dejó plenamente satisfecho. Más tarde volví a esta montaña y la ascendí otras dos veces, la primera por la ruta normal en invierno y la segunda desde el Collado de Paderna a través de una ruta parcialmente nueva.
La masificación no ha llegado a esta montaña ni creo que llegue nunca, a pesar que desde la Besurta, bastarán poco más de 3h 30 minutos para alcanzar este tres mil.
Tòfol Tobal es un enamorado de esta montaña tan estética como singular, un loco inquieto que nunca se cansa de observarla y estudiarla. En verano de 2008 dió a “conocer publicamente” la Torre Cordier y comenzaron a aparecer los primeros escritos y críticas referentes a esta montaña. Tòfol es seguramente, la persona que mejor conoce esta montaña.
Sé que Alberto Martínez Embid está inquieto mientras lee mi escrito… y…te la dedico, la pregunta del millón… ¿ES LA TORRE CORDIER UN TRES MIL, O SÓLO ES UNA SIMPLE ELEVACIÓN, UN BALCÓN QUE PERTENECE A LA ARISTA NORTE DEL VECINO PICO CORDIER?
Cada uno es libre de juzgar si lo es o no, pero a todo aquel que todavía no ha subido a la Torre Cordier le recomiendo que lo haga, ya sea a través de las suaves pendientes de su Ruta Normal o por la vertical Cara Norte, aunque las Caras Este y Oeste tampoco están nada mal.
Bajo mi humilde y sincero punto de vista y mi experiéncia como pirineísta, la TORRE CORDIER es un tres mil con todas las de la ley, pues se trata de una cumbre totalmente individualizada, con tres paredes verticales de entre 80 y 200 metros de altura, y tres aristas principales contando la que une los dos Cordier.
¡Y estoy completamente de acuerdo en que la parte final de la ruta normal es un poco rara! … pues pocas veces -por no decir ninguna- se llega a una cumbre tan alta bajando… y no es ningún chiste.
El vecino Dién de la Maladeta, una montaña que no llega a los 2.900 metros es un caso parecido y nadi dice nada. ¿Por qué? fácil: ¡no es un tres mil!
Repito, que cada uno juzgue, espero respuestas y sugerencias de todo tipo… ¡¡¡los Pirineos son Grandes!!!!
Las crestas del Ballibierna
Publciado por carlesgel - 28/09/12 a las 08:09:57 pmExísten algunas montañas que, por una u otra razón, se adentran en nuestras vidas para no volver a salir nunca más.
Las montañas, el amor, la pasión… van estrechamente unidos a través de un camino -amenudo largo- de amistad y de deseo que lleva al montañero pirineísta a recorrer el Atlas Universal en busca de las cumbres más bellas, de las atalayas más perfectas y seductoras.
Generalmente, este amor suele ser incondicional, parecido al que se profesan dos seres humanos que creen en el amor eterno y van unidos hasta el fin de sus días.
Un día ya muy lejano escribí un sueño en la primera página de una libreta que terminé algun tiempo después, y el deseo irrenunciable por descubrir y explorar, me llevó a conocer algunas montañas muy bellas que pueblan nuestra hermosa Tierra. Recuerdo el Huayna Potosí, el Illimani, el Cotopaxi, el Damavand, el Manaslu, el Chimborazo, el Aconcagua, el Denali, el imponente Everest….recuerdos de montañas, recuerdos de hombres que amaron todas estas cumbres, que lo dejaron todo y partieron hacia esas atalayas petrificadas de roca, nieve y hielo, cimas llenas de vida. Una fuerza desconocida nos lleva en pos de las montañas.
Recorrer el mundo es algo muy hermoso y sobretodo, una forma muy hermosa de abrirnos la mente y ver más allá. Pero después de conocer muchas montañas y escalarlas, fue en los amados Pirineos donde encontré mi camino, mi gran ilusión, mi verdadero lugar en el Mundo. Crecí entre estas montañas y allí me hice hombre. Amo y deseo estas montañas, sean aragonesas, francesas, andorranas o catalanas, ¡todas son Pirenaicas!
En los Pirineos descubrí varios amor que con el tiempo se hicieron incondicionales: el Vignemale, el Montardo, el Ballibierna… ¡el mágico Ballibierna! un castillo encantado situado en la Ribagorza más humana y a la vez primitiva y salvaje, el lugar sagrado habitado por las brujas, las fadas encantadas que tal vez motivadas y movidas por el deseo compartido con los hombres, regalaron a estos unos sueños en forma de aristas, espolones y crestas tan bonitas com la vida misma.
Las crestas del Ballibierna son especiales -al menos para mí- y este pasado verano he tenido la ocasión de recorrer dos de estas: Roques Blanques y la Cresta Norte/Noreste, tan larga como desconocida.
En agosto, tras volver de un viaje al Atlas, Olga y yo recorrimos la Cresta de Roques Blanques, una ruta llena de encanto y tan asequible como un camino normal, ¡una puerta abierta al cielo azul más hermoso!
Esta arista -cada vez más clásica- es un disfrute, un verdadero regalo que nos brinda la naturaleza pirenaica.
Cuatro semanas más tarde, Jordi, Olga y yo nos dirigimos hacia un camino completamente desconocido y del que teníamos escasa información: la Cresta Norte/Noreste, un itinerario que, sin ser difícil, presentó algunos tramos delicados situados en medio de un espacio salvaje que no deja indiferente a nadie.
Fue entre la Tuca de l’Estany Gelat y la Tuqueta dels Muidors -dos altas cumbres de casi tres mil metros- donde encontramos los mayores problemas: un gendarme vertical, varias brechas, algunas travesías delicadas y un espolón colgado sobre el vacío que nos recordaron a cada instante, que sin esfuerzo, la montaña no regala nada, pero que compensa al montañero pirineísta con un disfrute y un recuerdo que es para toda la vida.
¡Es verdad! las montañas son tan hermosas que dan sentido a nuestras vidas. Seguiremos subiendo montañas, ya sean cercanas o lejanas, porqué las amamos, nos dan lo mejor y a veces, desgraciadamente también nos quitan lo que más amamos y queremos. ¡Pero están allí, esperándonos!
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